Catalunya
A la PQ23

Experiencia

Experiencia
Experiencia

¿Se puede tocar, el futuro? ¿Se puede sentir?

Como una contradicción, CROP nos invita a descubrir el futuro en un yacimiento arqueológico. Teatre Nacional de Catalunya, año 2053. La principal institución teatral del país nos abre sus puertas para que apreciemos algunas de las piezas de su vestuario histórico; y con ellas, como sin querer, el paso indefinido del archivo al almacén1, del almacén a los restos. Lo que tanto se acerca a una nada. Es desde allí que podemos fijarnos en cada pieza y en su contexto. Las etiquetas —¿quién, si no?— nos explican sus coordenadas. También una voz, que nos habla al oído a través de unos auriculares. La ropa puede hacerse jirones y puede enmohecer. A pesar del tiempo, en ella se puede palpar la desgracia. En la ropa puede hacer pandemias, incendios, inundaciones, grandes clásicos. La ropa no es el futuro, pero puede contener sus trazas.

1

El espacio en el que se exhibe CROP no es inocente. Es la nave número 11 del antiguo matadero municipal de Praga, situado en el distrito 7, al norte del río. Nada más entrar, a la derecha. Antaño suburbio industrial, hoy centro magmático de propuestas y exhibiciones artísticas, los cambios en el uso del mercado y matadero de Holešovice son también una prueba de la cultura como forma de evolución, de perversión, de especulación, de pervivencia. Allí donde antes se sacrificaban y vendían ovejas, vacas o cerdos, ahora se diseccionan las escenografías del futuro.

2

El panel que invita a entrar a El Canto de la Sibila es vertical y está hecho de plástico. Onde a con el viento. Seis iconos con la estética de los indicadores de un edificio en construcción acompañan seis indicaciones: «elige una imagen», dice la primera, y un montón de papeles rodeado de rojo. La segunda dice «reconoce a la Sibila» y dibuja, en blanco sobre el azul de la obligación, la capa sobre la cual recae buena parte del peso de la instalación. Después dice «elige tus herramientas», y son un lápiz y un pincel como los que los espectadores o usuarios encontrarán dentro. «Manifiesta tu profecía», sigue, y traza un interrogante dentro de un triángulo amarillo de emergencia o de peligro. Dos figuras pegan los papeles sobre la capa: «adherirla sobre el vestido». Y para terminar, otro triángulo, que también tiene el color del peligro: «el vestido ascenderá para vestir el futuro». Entre andamios o entre bastidores, la indumentaria del futuro se escribe en cada obra.

 

3

El pueblo dice: «El tiempo vuela.» Escriben que «no hay futuro». «Divide y vencerás», garabatea alguien más. Sobre la letra de la Sibila de Lluc y de la Catedral, un dibujo vibrante de un Dios casi en majestad. «La única certeza, la muerte.» «Constelación de muerte.» Y en un mismo papel, escrito sobre dibujos y más palabras: «¿Cuánto falta? ¿Falta mucho? Tengo hambre. Tengo pipí. Quiero bajar.» Otro susurra, en un extremo, «te amo». Y más: «Respeta la muerte.» «Lo hemos olvidado todo.» «¿Cómo saldremos de esta?» «¿Hay algo que importe, realmente?» Hay quien pega una foto antigua de sus abuelos. Interviene una niña, también. Dedica cuarenta minutos al dibujo y a la escritura. Escribe su nombre. Dibuja una nube arriba, que la empapa de agua, y abajo los primeros brotes de una vida que lucha por salir. «Josephine» con raíces y hojas. Su fin del mundo, su nombre. Solo los nombres permanecen.

 

4

«Gran fuego del cielo descenderá;
mares, fuentes y ríos, todo quemará.
Los peces darán grandes gritos
perdiendo los naturales deleites.»

El Canto de la Sibila

Escribir, enganchar, pintar, palpar y extender las trazas de este futuro: esto es lo que propone «El Canto de la Sibila». Hay un andamio, protegido por la pantalla translúcida de unos velos. «Aquí dentro descansa la Sibila», reza un rótulo sobre la puerta. A su lado, unas instrucciones.2 Dentro cuelga una capa que, gracias a un sofisticado sistema de poleas, desciende a la hora precisa hasta situarse a la altura del espectador. Es entonces que se materializa la máxima que inspira esta propuesta escénica: «Cualquiera de nosotros puede ser la Sibila». A través de la intervención3, ya sea con el trazo de la mano o con el ensamblaje de una nueva capa de papel encolado, somos nosotros quienes anunciamos y proyectamos el Apocalipsis. Llegado el momento, ¿cuál será el paisaje4 que verán nuestros ojos?

1' 38'' — Dramaturgia CROP.

1' 35'' — Experiencia en la PQ.

CROP

David Corral

1' 20'' — Experiencia en la PQ.

55'' — ¿Qué te llevas de la PQ?

1' 50'' — Diseñar para la PQ.

5

Evocar y representar el universo de un sonido sin hacerlo siempre presente es uno de los muchos propósitos de El Canto de la Sibila. Puntualmente, ya sea a las doce del mediodía o a las cuatro de la tarde, el equipo técnico y artístico activa el sonido. Reverbera desde arriba, agrietado, coronando la torre de andamios y velos que a veces es torre y a veces es campanario, haima, púlpito, atalaya, minarete. Como una invitación a la nada, o bien a la reflexión, los altavoces vibran en melodías disonantes y de tonalidades Lo-fi. Segundos después, un canto distorsionado: ¿es de un niño o de una mujer? ¿Alguien puede garantizar que es humano, cuando la deidad y la persona coinciden en la voz de la profecía? Toda la plaza escucha, entonces, el canto, intercalado con breves y muy ornamentados interludios de órgano. Y una vez la capa desciende, lo que hasta ahora había sido música ahora reproduce fragmentos de voz de informativos: inundaciones, incendios, pandemias, pobreza, emergencia habitacional. «¿Debemos preocuparnos?», interroga la voz de un entrevistador. La persona entrevistada duda unos momentos, se aclara la garganta, retoma la conversación con un hilo de voz tembloroso: «Debemos preocuparnos, sí». ¿Qué efecto debe tener escuchar malas noticias en un idioma que no se entiende?

 

6

Todas las cosas que no
que no sé cómo explicar
todas las cosas que no
uhmmmm…

Arnal, Maria; y Bagés, Marcel.
«Hiperutopia» [canción],
del álbum Clamor.
Barcelona: Fina Estampa, 2021.

¿Olerá a humedad o a musgo, la indumentaria de nuestro tiempo? En 2053, ¿quién se cuidará del naufragio? ¿Y de las aguas? ¿Y de su sonido5? Los incendios se lo llevan todo como historias que no se podrán deducir,6 pero sí susurrar al oído como una especie extraña de audio guía. Como una canción.

El canto
de la Sibila

Raimon Rius

CROP

Raimon Rius

CROP

Raimon Rius

El canto
de la Sibila

Raimon Rius

INSTRUCCIONES

El panel que invita a entrar a El Canto de la Sibila es vertical y está hecho de plástico. Onde a con el viento. Seis iconos con la estética de los indicadores de un edificio en construcción acompañan seis indicaciones: «elige una imagen», dice la primera, y un montón de papeles rodeado de rojo. La segunda dice «reconoce a la Sibila» y dibuja, en blanco sobre el azul de la obligación, la capa sobre la cual recae buena parte del peso de la instalación. Después dice «elige tus herramientas», y son un lápiz y un pincel como los que los espectadores o usuarios encontrarán dentro. «Manifiesta tu profecía», sigue, y traza un interrogante dentro de un triángulo amarillo de emergencia o de peligro. Dos figuras pegan los papeles sobre la capa: «adóralos sobre el vestido». Y para terminar, otro triángulo, que también tiene el color del peligro: «el vestido ascenderá para vestir el futuro». Entre andamios o entre bastidores, la indumentaria del futuro se escribe en cada obra.

INTERVENCIÓN

El pueblo dice: «El tiempo vuela.» Escriben que «no hay futuro». «Divide y vencerás», garabatea alguien más. Sobre la letra de la Sibila de Lluc y de la Catedral, un dibujo vibrante de un Dios casi en majestad. «La única certeza, la muerte.» «Constelación de muerte.» Y en un mismo papel, escrito sobre dibujos y más palabras: «¿Cuánto falta? ¿Falta mucho? Tengo hambre. Tengo pipí. Quiero bajar.» Otro susurra, en un extremo, «te amo». Y más: «Respeta la muerte.» «Lo hemos olvidado todo.» «¿Cómo saldremos de esta?» «¿Hay algo que importe, realmente?» Hay quien pega una foto antigua de sus abuelos. También interviene una niña. Dedica cuarenta minutos al dibujo y a la escritura. Escribe su nombre. Dibuja una nube arriba, que la empapa de agua, y abajo los primeros brotes de una vida que lucha por salir. «Josephine» con raíces y hojas. Su fin del mundo, su nombre. Solo los nombres permanecen.

SONIDO

Evocar y representar el universo de un sonido sin hacerlo siempre presente es uno de los muchos propósitos de El Canto de la Sibila. Puntualmente, ya sea a las doce del mediodía o a las cuatro de la tarde, el equipo técnico y artístico activa el sonido. Reverbera desde arriba, agrietado, coronando la torre de andamios y velos que a veces es torre y a veces es campanario, jaima, púlpito, atalaya, minarete. Como una invitación a la nada, o bien a la reflexión, los altavoces vibran en melodías disonantes y de tonalidades Lo-fi. Segundos después, un canto distorsionado: ¿es de un niño o de una mujer? ¿Alguien puede garantizar que es humano, cuando la deidad y la persona coinciden en la voz de la profecía? Toda la plaza escucha, entonces, el canto, intercalado con breves y muy ornamentados interludios de órgano. Y una vez la capa desciende, lo que hasta ahora había sido música ahora reproduce fragmentos de voz de informativos: inundaciones, incendios, pandemias, pobreza, emergencia habitacional. «¿Debemos preocuparnos?», interroga la voz de un entrevistador. La persona entrevistada duda unos momentos, se aclara la garganta, retoma la conversación con un hilo de voz tembloroso: «Debemos preocuparnos, sí». ¿Qué efecto debe tener escuchar malas noticias en un idioma que no se entiende?

Sebastià Portell

Sibila

El cant de la Sibil·la #1, Elena Molina

El cant de la Sibil·la #2, Elena Molina

Es pot tocar, el futur? Es pot sentir?

Com una contradicció, CROP ens convida a descobrir el futur en un jaciment arqueològic. Teatre Nacional de Catalunya, any 2053. La principal institució teatral del país ens obre les seves portes perquè apreciem algunes de les peces del seu vestuari històric; i amb elles, com si fos sense voler, el pas indefinit de l’arxiu al magatzem1, del magatzem a les restes. Allò que tant s’acosta a un no-res. És des d’allà que podem fixar-nos en cada peça i en el seu context. Ens expliquen les seves coordenades —qui, si no?— les etiquetes. També una veu, que ens parla a cau d’orella a través d’uns auriculars. La roba pot estripar-se i es pot florir. Malgrat el temps, la desgràcia s’hi pot palpar. En la roba hi pot haver pandèmies, incendis, inundacions, grans clàssics. La roba no és el futur, però en pot contenir les traces.

Guixar, enganxar, pintar, palpar i estendre les traces d’aquest futur: això és el que proposa El Cant de la Sibil·la. Hi ha una bastida, protegida per la pantalla translúcida d’uns vels. «A dins hi descansa la Sibil·la», diu un cartell sobre la porta. Al costat, unes instruccions.2 A dins hi ha una capa penjada que, gràcies a un sofisticat sistema de politges, davalla a l’hora precisa fins a situar-se a l’alçada de l’espectador. És aleshores que es materialitza la màxima que inspira la proposta: «Qualsevol de nosaltres pot ser la Sibil·la». A través de la intervenció3, ja sigui amb el traç d’un pinzell o un retolador o amb l’assemblatge d’una nova capa de paper encolat, som nosaltres, qui anunciem i projectem l’Apocalipsi. Arribat el moment, quin serà el paisatge4 que veuran els nostres ulls?

1

L’espai en què s’exhibeix CROP no és innocent. És la nau número 11 de l’antic escorxador municipal de Praga, situat al districte 7, al nord del riu. Només entrar, a la dreta. Temps enrere suburbi industrial, avui centre magmàtic de propostes i exhibicions artístiques, els canvis en l’ús del mercat i escorxador de Holešovice són també una prova de la cultura com a forma d’evolució, de perversió, d’especulació, de pervivència. Allà on abans s’escorxaven i es venien xais, vaques o porcs, ara s’hi disseccionen les escenografies del futur.

2

El panell que convida a entrar a El Cant de la Sibil·la és vertical i fet de plàstic. Voleia amb el vent. Sis icones amb l’estètica dels indicadors d’un edifici en construcció acompanyen sis indicacions: «escull una imatge», diu la primera, i un munt de papers encerclat de vermell. La segona diu «reconeix la Sibil·la» i dibuixa, en blanc sobre el blau de l’obligació, la capa sobre la qual cau bona part del pes de la instal·lació. Després diu «escull les teves eines», i són un llapis i un pinzell com els que els espectadors o usuaris trobaran a dins. «Manifesta la teva profecia», segueix, i traça un interrogant dins un triangle groc d’emergència o de perill. Dues figures enganxen els papers sobre la capa: «adhereix-la sobre el vestit». I per acabar, un altre triangle, que també té el color del perill: «el vestit ascendirà per vestir el futur». Entre bastides o entre bastidors, la indumentària del futur s’escriu en cada obra.

3

El poble diu: «El temps vola.» Escriuen que «no hi ha futur». «Divideix i venceràs», guixa algú altre. Sobre la lletra de la Sibil·la de Lluc i de la Catedral, un dibuix vibrant d’un Déu quasi en majestat. «L’única certesa, la mort.» «Constel·lació de mort.» I en un mateix paper, escrit sobre dibuixos i més paraules: «Quant falta? Falta molt? Tinc gana. Tinc pipi. Vull baixar.» Un altre xiuxiueja, en un extrem, «t’estimo». I més: «Respecta la mort.» «Ho hem oblidat tot.» «Com ens en sortirem?» «Hi ha res que importi, realment?» Hi ha qui enganxa una foto antiga dels seus avis. Hi intervé una nena, també. Dedica quaranta minuts al dibuix i a l’escriptura. Escriu el seu nom. Dibuixa núvol a sobre, que l’amara d’aigua, i a sota els primers brots d’una vida que malda per treure ulls. «Josephine» amb arrels i fulles. La seva fi del món, el seu nom. Només els noms romanen.

4

«Gran foc del cel davallarà;
mar, fonts i rius, tot cremarà.
Los peixos donaran grans crits
perdent los naturals delits.»

El Cant de la Sibil·la

1' 38'' — Dramatúrgia CROP.

1' 35'' — Experiència a la PQ.

CROP, David Corral

1' 20'' — Experiència a la PQ.

55'' — Què t'endús de la PQ?

1' 50'' — Dissenyar per la PQ.

Farà olor d’humitat o de molsa, la indumentària del nostre temps? Al 2053, qui tindrà cura del naufragi? I de les aigües? I del seu so5? Els incendis s’ho emporten tot com històries que no es podran deduir,6 però sí xiuxiuejar a cau d’orella com una mena estranya d’audioguia. Com una cançó.

5

Evocar i representar l’univers d’un so sense fer-lo sempre present és un dels molts propòsits d’El Cant de la Sibil·la. Puntualment, ja sigui a les dotze del migdia o a les quatre de la tarda, l’equip tècnic i artístic activa el so. Reverbera des de dalt, esquerdat, coronant la torre de bastides i velatges que a estones és torre i a estones és campanar, haima, púlpit, talaia, minaret. Com un convit al res, o bé a la reflexió, els altaveus vibren en melodies assonants i de tonalitats Lo-fi. Segons després, un cant distorsionat: és d’un infant o d’una dona? Algú pot garantir que és humà, quan la deïtat i la persona coincideixen en la veu de la profecia? Tota la plaça sent, doncs, el cant, intercalat per breus i floridíssims interludis d’orgue. I un cop la capa descendeix, el que fins ara havia estat música ara reprodueix talls de veu d’informatius: inundacions, incendis, pandèmies, pobresa, emergència habitacional. «Ens hem de preocupar?», interroga la veu d’un entrevistador. La persona entrevistada dubta uns moments, s’aclareix la gola, reprèn la conversa amb un fil de veu tremolós: «Ens hem de preocupar, sí». Quin efecte deu tenir, escoltar males notícies en una llengua que no s’entén?

6

Totes les coses que no
que no sé com explicar
totes les coses que no
uhmmmm…

Arnal, Maria; i Bagés, Marcel.
«Hiperutopia» [cançó],
de l’àlbum Clamor.
Barcelona: Fina Estampa, 2021.

Il·lustracions de Raimon Rius

INSTRUCCIONS

El panell que convida a entrar a El Cant de la Sibil·la és vertical i fet de plàstic. Voleia amb el vent. Sis icones amb l’estètica dels indicadors d’un edifici en construcció acompanyen sis indicacions: «escull una imatge», diu la primera, i un munt de papers encerclat de vermell. La segona diu «reconeix la Sibil·la» i dibuixa, en blanc sobre el blau de l’obligació, la capa sobre la qual cau bona part del pes de la instal·lació. Després diu «escull les teves eines», i són un llapis i un pinzell com els que els espectadors o usuaris trobaran a dins. «Manifesta la teva profecia», segueix, i traça un interrogant dins un triangle groc d’emergència o de perill. Dues figures enganxen els papers sobre la capa: «adhereix-la sobre el vestit». I per acabar, un altre triangle, que també té el color del perill: «el vestit ascendirà per vestir el futur». Entre bastides o entre bastidors, la indumentària del futur s’escriu en cada obra.

INTERVENCIÓ

El poble diu: «El temps vola.» Escriuen que «no hi ha futur». «Divideix i venceràs», guixa algú altre. Sobre la lletra de la Sibil·la de Lluc i de la Catedral, un dibuix vibrant d’un Déu quasi en majestat. «L’única certesa, la mort.» «Constel·lació de mort.» I en un mateix paper, escrit sobre dibuixos i més paraules: «Quant falta? Falta molt? Tinc gana. Tinc pipi. Vull baixar.» Un altre xiuxiueja, en un extrem, «t’estimo». I més: «Respecta la mort.» «Ho hem oblidat tot.» «Com ens en sortirem?» «Hi ha res que importi, realment?» Hi ha qui enganxa una foto antiga dels seus avis. Hi intervé una nena, també. Dedica quaranta minuts al dibuix i a l’escriptura. Escriu el seu nom. Dibuixa núvol a sobre, que l’amara d’aigua, i a sota els primers brots d’una vida que malda per treure ulls. «Josephine» amb arrels i fulles. La seva fi del món, el seu nom. Només els noms romanen.

SO

Evocar i representar l’univers d’un so sense fer-lo sempre present és un dels molts propòsits d’El Cant de la Sibil·la. Puntualment, ja sigui a les dotze del migdia o a les quatre de la tarda, l’equip tècnic i artístic activa el so. Reverbera des de dalt, esquerdat, coronant la torre de bastides i velatges que a estones és torre i a estones és campanar, haima, púlpit, talaia, minaret. Com un convit al res, o bé a la reflexió, els altaveus vibren en melodies assonants i de tonalitats Lo-fi. Segons després, un cant distorsionat: és d’un infant o d’una dona? Algú pot garantir que és humà, quan la deïtat i la persona coincideixen en la veu de la profecia? Tota la plaça sent, doncs, el cant, intercalat per breus i floridíssims interludis d’orgue. I un cop la capa descendeix, el que fins ara havia estat música ara reprodueix talls de veu d’informatius: inundacions, incendis, pandèmies, pobresa, emergència habitacional. «Ens hem de preocupar?», interroga la veu d’un entrevistador. La persona entrevistada dubta uns moments, s’aclareix la gola, reprèn la conversa amb un fil de veu tremolós: «Ens hem de preocupar, sí». Quin efecte deu tenir, escoltar males notícies en una llengua que no s’entén?

Sebastià Portell

El cant de la Sibil·la, David Corral